Wednesday, May 25, 2005

DESTRUCCION DEL AMAZONAS

Industrialización genera disminución de lluvias en el mundo
El Amazonas...
¡agoniza!

Por: Gonzalo Palomino

a teoría de un reconocido ecologista en el mundo, Col

Las visiones nacidas en los años 60 y 70 en donde se exponía la necesidad de comprender que todos somos uno en la tierra parecen cobrar vida 20 años después, cuando los científicos han demostrado que la destrucción de bosques y la producción indiscriminada de gases tóxicos en el mundo, no importa donde, afectan a todo el planeta.

La preocupación de los científicos por lo que se ha llamado el ?pulmón del mundo? se ha incrementado al ver como la selva amazónica juega un papel regulador en el clima de la Tierra. A tal punto que es responsable de más del 60 por ciento de las lluvias sobre Sao Pablo, cerca del 50 por ciento de la zona sudeste de Brasil y Argentina y un 60 por ciento en los Andes y Colombia. Eso sin contar los efectos que tienen sobre el clima de Sur África, Norte América, el sudeste Asiático y aún Europa.

A través de estudios con imágenes satelitales y su posterior verificación en tierra, los científicos ratificaron que para 1998 la amazonía brasileña había alcanzado los 500 mil kilómetros cuadrados de deforestación, área equivalente al tamaño de Francia en comparación con la de Europa Occidental (Instituto de Investigaciones Espaciales de Brasil).

Qué papel juega el Amazonas?


La selva amazónica provee de agua a la mayoría de países de América mediante un proceso llamado evotranspiración a través del cual los árboles reciclan la lluvia y la envían en forma de vapor hacia otros lugares del mundo, utilizando las corrientes de aire, favoreciendo en este proceso a lugares tan lejanos como Sudáfrica.

En el caso de que la selva perdiera de manera considerable su vegetación, las lluvias se reducirían considerablemente, a tal punto que los ríos presentarían una baja alarmante en sus cauces como lo ocurrido cuando se presentó el fenómeno del Niño. Por el cual, ocurrieron apagones en varios países de Sudamérica.

Ganado y cultivos de soya

La nueva preocupación de los científicos se basa en los cultivos de soya y la crianza de ganado. Estos dos son los principales causantes de la deforestación de la selva. Brasil se ha convertido en el principal proveedor de carne para las cadenas de comidas rápidas de Estados Unidos y al mismo tiempo se encuentra en la pelea por convertirse en el productor número uno de soya, producto que es vendido a Europa y Asia.

De acuerdo con los datos de la oficina regional para América Latina del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en esta carrera por abastecer al mundo, Brasil perdió 25 mil 476 kilómetros cuadrados de selva el año pasado. Eso fue un 40 por ciento más que el año anterior.

Aún así los productores del estado de Mato Grosso, principal productor de soya, piden que un 40 por ciento de su estado (906 mil Km2, en total) sea dedicado a la agricultura y un 60 por ciento preservado. Lo que significaría que para el 2007 Mato Grosso produciría cerca de 100 millones de toneladas de soya, cinco veces el nivel actual del estado y toda la producción brasileña de 2002, (Centro Latino Americano de Ecología Social).

Esto se traduce en un creciente deterioro de la selva, ya que a mayor número de ganado más necesidad de potreros y de pastos para alimentarlo, fenómeno que se repite con el creciente y al parecer imparable proceso de cultivo de la soya.

En este proceso se talan hasta 50 kilómetros a lado y lado de las carreteras y en los lugares donde no es suficiente, se crean claros, principal preocupación de los ecologistas como Peter Bunyard, quien recorrió los diferentes auditorios de las universidades de Bogotá y de la Universidad del Tolima, en donde expresó su preocupación por el efecto en el cambio climático que estos producen cuando se crean cerca de áreas de selva o en su defecto se tala la jungla para crearlos.

El proceso que ya se comienza a evidenciar empieza en los claros grandes donde cae la precipitación directamente al suelo sin que sea retenida por el follaje de los arboles, de allí la mayor parte del agua se pierde por escape y por evaporación. El agua que llega hasta el bosque es atrapada por las raíces en el suelo donde se produce una transpiración con menor cantidad de agua, contrario a lo que sucede en las zonas alejadas de los claros. A su vez que los árboles absorben menos agua y expulsan más vapor, lo que genera un proceso lento de muerte al quedarse sin el agua necesaria para su subsistencia.

Los claros inducen una absorción pobre en agua lo que significa que en el proceso de evaporación aportarán al viento y a las masas de aire una menor cantidad de aire húmedo, lo cual al llegar sobre la cordillera de los Andes o la parte alta de la cuenca producirá unas lluvias con menor cantidad de agua, al ser la cantidad de vapor presente menor en ellas.

Por tal razón, dentro de la teoría de Bunyard se sostiene que los países directamente afectados podrían perder hasta un 60 por ciento de lluvias, es el caso de Colombia, donde se verían afectados principalmente los páramos y sub-páramos quienes son los que reciben directamente las corrientes de aire provenientes de Brasil.

El fenómeno se acrecienta a medida que el tamaño de los claros aumenta, así como también la temperatura promedio de la zona selvática lo que lleva al adelgazamiento de la cubierta forestal en la región y, que se ha vivido únicamente durante los severos episodios del Niño.

Consecuencias de la deforestación

Estudios de científicos Ingleses han mostrado las agudas diferencias en la temperatura diaria entre los bosques naturales y aquellas porciones de estos que han sido deforestados. En Nigeria, por ejemplo, la temperatura diurna justo sobre el suelo de un claro, resultado de la deforestación, era cinco grados mayor que en la zona cercana al bosque intacto y la humedad en aquel era de 49 por ciento en comparación con la zona intacta que ascendía al 87 por ciento.

Estos claros además, tienen más probabilidades de inundarse y en consecuencia erosionarse.

La cubierta forestal del Amazonas intercepta un promedio de un 15 por ciento de la lluvia, de la cual una gran proporción se evapora directamente hacia la atmósfera. La remoción de la cubierta conduce a que unas cuatro mil toneladas de agua por hectárea golpeen el suelo, causando erosión. El suelo bajo el bosque intacto absorbe diez veces más agua en comparación con los pastos, donde la tasa de erosión puede ser mil veces mayor.

La selva tropical del Amazonas está alcanzando el límite de sus niveles de tolerancia. Está ahora viviendo cerca de ese límite; por ende temperaturas globales más elevadas y menores precipitaciones le darían el golpe de gracia definitivo.

Por último, los climatólogos del mundo han encontrado que de mantenerse la tendencia actual, el clima en el Amazonas se volvería similar al del año en que ocurrió el fenómeno del Niño y las precipitaciones decrecerían a razón de un promedio de dos milímetros al día sobre la cuenca. En este caso, al alterarse el ciclo del agua, el bosque comenzará a secarse y a morir.


Alrededor de dos tercios de las
precipitaciones en el mundo están
afectadas por el comportamiento de la
selva amazónica.

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